Sin billete de vuelta es una novela que nos adentra en la más rancia España y en la apocalíptica Andalucía.
Es un viaje que abarca desde finales de la república, la dictadura de Franco y nos lleva hasta la transición.
Carmen Vargas Antúnez ha recopilado información sobre la historia de los sucesos de Casas Viejas y de la de su abuelo Francisco. Es un perfecto ejercicio de reflexión para estos tiempos que corren en los que la intolerancia y la corrupción tanto se asemejan a los que condujeron hasta aquellos hechos.
La autora, con su estilo, consigue adentrarnos en la época y revivir las penurias de los protagonistas, creo que ha conseguido con creces hacerlo desde la imparcialidad, harto difícil teniendo en cuenta que el protagonista es su abuelo.
Describe a la perfección los coletazos de una república que tenía los días contados, las maquinaciones de los que aprovecharon el advenimiento de la dictadura fascista y lo incierto de una transición y un paso a la democracia que se preocupó más de no molestar a nadie que de las verdaderas necesidades de un país sumido en la miseria y en el atraso de cuarenta años. Todo ello contado a través de los protagonistas de la verdadera historia.
Una auténtica novela histórica, en la que incluso en los diálogos consigue una perfecta recreación del habla andaluza del lugar en concreto.
Una historia que merece ser leída.
JJ Guerra.
Este es un blog particular, donde pretendo publicar escritos míos o de amigos que quieran compartir. Poesía, relato breve, el diario del año Mariano y artículos de opinión, que quizá no tuviesen cabida en otro sitio. Sin ningún tipo de orden ni concierto. A mi libre albedrío.
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lunes, 25 de febrero de 2013
jueves, 31 de enero de 2013
Poesía enero 2013. II. (JJ Guerra- JJ Guerra/Carmen marín)
DESPERTARES
Primeras luces del alba
que sorprenden a dos cuerpos inertes,
tibios rayos de luz adormecida
testigos de los restos de la batalla
acaecida desde el atardecer.
Amanecer de sábanas revueltas
huellas que perduran de la pasión,
los besos, las caricias, la ternura y el placer
experimentado y llevado hasta la extenuación.
La brisa del aire fresco de la mañana
libera el calor acumulado con el ardor
de dos cuerpos, que fundidos se han amado
con mente, cuerpo, alma y corazón.
Despertar junto a ti es el gozo de vivir
de morir de felicidad al verte a mi lado,
es poner los pies en la tierra
y la mirada perdida en tu horizonte.
Cierro los ojos y vuelvo a recorrerte,
reconozco cada centímetro de tu cuerpo,
camino que ya he andado, que ya he amado,
me deslizo por tu vientre hasta entrar en ti.
¡Buenos días amada mía!
Perdona que te despierte,
para asegurarme de que es verdad,
amor mío, necesito volver a amarte.
JJ Guerra. 22 de enero de 2013.
RENACER
ante tu presencia,
vacié mis sentidos
sobre la mesa.
Abrí en canal mi corazón,
quemé todas mis naves
y esparcí las cenizas
de las vidas anteriores.
Descorché tus esencias,
me embriagué de tus besos,
de la luz emanada de tus entrañas
y renací para amarte.
JJ Guerra. 28 de enero de 2013.
AMANTES
rayos con raíces
y tallos perpetuados
en la concupiscencia sonora
del eco de tus senos.
Embrujo de una noche
de indeseado amanecer,
destellos irisados,
preludio del efluvio
de intercambio de fluidos
de dos almas abandonadas,
dos seres entregados al placer.
Miembros confundidos, entrelazados,
que de entre las brumas
surgidas del volcán de las emociones
emergen para converger
en un solo cuerpo,
en un mismo ser.
JJ Guerra. 29 de enero de 2010.
A JUDITH
Como pasajeros de un tren,
viajeros del tiempo,
Los días se nos van colando
y en nuestros corazones
te vas instalando.
Cuando dos almas vuelan
en una misma dirección
necesitan echar raíces,
aunque antes en sus campos
ya hubiesen florecido otros soles.
El hondo deseo de fructificar nuestro amor
cobró vida en forma de jardín,
donde todas las flores huelen a ti, Judith.
Por cosas del azar, jugadas de la vida,
sólo vives en nuestros corazones
y en este frondoso lugar,
que para dar rienda suelta
a nuestro amor, creamos para tí.
Juega, pequeña.
Ríe, salta y canta con los pajarillos
entre margaritas y rosas,
entre el lirio y el jazmín.
Sin vivir, vive feliz,
sal de entre las nubes de nuestros sueños
para envolvernos en tu amor.
Hija nuestra, nosotros disfrutamos
imaginándote creciendo feliz, plena,
envuelta en la ternura de las esencias puras
de las cosas.
Siempre vivirás en nosotros
y en tu eterno jardín.
JJ Guerra/Carmen Marín. 24 de enero de 2013.
RESERVADOS LOS DERECHOS DE LOS AUTORES.
martes, 29 de enero de 2013
Poesía enero 2013. I. (JJ Guerra)
A LA MUJER DE MI VIDA
Eres oxígeno para mi respirar,
leña para mi fuego,
agua para mi sed,
fantasía para mis sueños,
volcán de mis deseos,
alimento para mi alma,
serenidad para mi corazón,
las palabras de mis versos.
Eres mi único pensamiento.
JJ. Guerra. 1 de enero de 2013
SOMBRAS CHINESCAS
Siluetas emborronadas
entre sombras escondidas.
Lúgubres cantos entonados
por almas atormentadas
que buscan cruzar el umbral,
aproximarse a la vida.
Nacimientos abortados
por la mano del criminal
que mata, matando en vida.
Incienso quemado en nombre de Dios,
para justificar idas y venidas.
Voces que resuenan, como eco,
martilleando en las cabezas
de quienes se aferran a la vida.
Despierta, no te calles, alza tu voz,
persigue tus sueños,
que tu grito resuene allende tus fronteras,
no te quedes perdido entre las tinieblas
de las sombras de la china.
JJ Guerra. 7 de enero de 2013.
de las palabras mudas
jamás por boca pronunciadas.
Versos inertes, atrapados
en un cajón de la mente
de una pluma sin tinta.
Desgastados pensamientos
de hambre de libertad
ahogados en la voz del poeta.
Palabras al viento
sordamente escuchadas,
Siniestras manos que hurgan
más allá del bolsillo ajeno,
en la dignidad, la conciencia y autoestima.
Caciques de nuestro tiempo
líricos de la economía,
la iglesia y la política.
Sabed que el pueblo llora
y que después de la calma
vendrá la tempestad.
Habéis encendido la mecha
polvorienta de la impotencia
y la pólvora ahora mojada,
no tardará en secar,
para explotar en vuestras manos.
JJ guerra. 9 de enero de 2013.
poblado de sombras,
en medio de una eterna noche sin luna,
sumergido en el lodazal
de un pantano cenagoso,
hundido en los excrementos de la sin razón.
Tres bellos luceros
deshicieron la penumbra,
lanzaron su salvavidas
y me arrastraron a contracorriente.
Las miradas, las caricias, los besos,
las noches de enfermedad,
los días de lluvia
acampados tras el cristal,
me hicieron despertar
y devolverme a la rutina.
Horas extras robadas al reloj,
trabajos sin medida,
excursiones sin ganas
que acaban robándote una sonrisa.
Travesuras regañadas
a la vez que reídas,
discursos filosóficos
en los que concluyes que al final
quien ha aprendido algo eres tú.
Descubrir a la primera novia,
el cigarrillo escondido
que haces como que no ves.
Verlos crecer, te hace olvidar
esa juventud perdida,
encontrar un camino, una salida.
Momentos en los que te ves haciendo
cualquier cosa por su sonrisa.
Orgulloso de ser padre y a veces madre
de tres tesoros más grandes
que la propia vida.
Álex, Marcos, Víctor,
gracias por hacerme sentir padre,
gracias por empujarme a vivir,
gracias por haber nacido.
JJ Guerra. Aracena, 15 de enero de 2013.
Derechos reservados del autor.
viernes, 18 de enero de 2013
PENSAMIENTO
Con tanto inútil
que anda suelto
se hace difícil
no verse envuelto
que quieren y no pueden
gritar a los cuatro vientos
que estamos hartos de tanta estupidez.
Que los imbéciles son ellos,
que no saben lo que quieren
y lo peor...
tampoco saben
lo que tienen que saber.
No somos estúpidos
y sabemos que hacen bandera
de falsas ideologías.
Que no los mueve
ni la política, ni el amor a la patria
ni tan siquiera la tecnología,
sino la avaricia
y la grandeza que les da el poder.
Con sus falsas proclamas
tan claras como la luz del día,
no hacen sino engrandecer
al que tienen enfrente,
que siempre y en cada caso
es más imbécil, estúpido
e inútil que él.
JJ Guerra.
DETRAS DE LA VENTANA. Carmen Marín.
Detrás de la ventana
la vida pasa
y tu la observas detenida
clavando tus pequeñas pupilas
en todo lo que ocurre fuera.
¿A dónde irán esas personas
que van siempre corriendo?
Como hojas de árboles,
algunas son arrastradas
por los vientos de la rutina.
Otras escapan de sus casas
Todos van de aquí a allá
sin mirarse los rostros
pasan unos junto a otros,
se cruzan por las aceras
sin reparar en detalles
parece como si no se vieran.
¿Será que son invisibles?
¿Será que no tienen ojos
o que las prisas los ciegan?
Sólo un niño se ha parado
debajo de un árbol cualquiera,
va cogido de la mano
de un señor con corbata
que le tira, que le arrastra
que le grita, que le pega.
¡Papá un pajarillo se ha caído del nido!
Dice el niño con gran pena.
Y qué más da, dice el padre.
Llegamos tarde a la cena.
Una luz roja se enciende,
tu la miras y comprendes
que es la hora de la espera.
Los coches frenan y
todos cruzan a marcha ligera.
El niño ha crecido mucho,
lleva corbata y cartera
pero su visión ha menguado
y los pajarillos caídos
van pegados a su suela.
Detrás de la ventana
pasa la vida
y tu no sabes si bajar,
decidirte a crecer
e ir corriendo tras ella,
o seguir quieta mirándola
con tu visión aún entera.
Carmen Marín 8/12/2011
jueves, 3 de enero de 2013
FLOR DE NAVIDAD. RELATO (Cuento de Navidad)
FLOR DE NAVIDAD
Era un 23 de diciembre, el otoño había sido cálido, pero el
invierno entró con fuerza y hacía un par de días que el frío se
dejaba notar. Un fuerte aguacero sorprendió a Carlos en medio de la
nada, en aquella maldita calle de la que no lograba salir,
una angosta mal llamada avenida, porque ni iba ni venía
a ninguna parte, y larga sí, pero su estrechez le daba aspecto de
callejuela. Apresuró su paso al verse sorprendido por la lluvia y
llegó al portal donde se cobijó mientras abría.
Se quitó las empapadas ropas y se dio una reconfortante ducha.
Mientras entraba en calor al lado de una mísera estufa, no podía
quitarse de la cabeza que se aproximaba la navidad. Un
año más el mismo dilema, ¿acertaría
con el regalo de su amada?
Carlos siempre estuvo económicamente al filo de la navaja y ese
año todo se había agudizado con la crisis. No tenía un trabajo
fijo, pero nunca le había faltado qué hacer para ganarse el
sustento. Aunque claro, su esperanza de boda, se iba posponiendo y
cada vez se parecía más a un sueño lejano. Él ya no era tan
joven, los treinta se reflejaban en su rostro, ahora más huesudo
que hacía unos años. Con aquellas entradas en la frente y su
cabello apuntando canas, aparentaba más edad. Desgarbado por
naturaleza y descuidado en su aspecto,
a veces temía que su novia se cansase de él y llegase a la
conclusión de que definitivamente no estaban hechos el uno para el
otro.
En su mente permanentemente estaba
presente mudarse de
aquel ridículo apartamento
y poder ofrecerle a Natividad una vivienda digna, algo que cada vez
veía más complicado. Aunque lo que más le preocupaba en aquel
momento, era si le gustaría su
sorpresa. Coincidían su aniversario, el santo de su amada y
el día de navidad. Eran tres fechas en una y sólo podía permitirse
un único regalo que debería ser grandioso.
Comió algo precocinado mientras veía las noticias. El calorcito
que le proporcionaba la estufa le sumergió en un sopor que no pudo
controlar y con la cabeza apoyada sobre la mesa, el sueño le venció.
Carlos sabía que a Natividad le encantaban
las flores. Desde que era muy pequeña, cuando iba a la casa de campo
de su tía, salía al jardín para coger margaritas silvestres de
todos los colores y hacer pequeños ramos para adornar el mini
jardín de su casa de muñecas. Aquella casita de madera fue el mejor
regalo de navidad que recibió durante su infancia. Su abuelo
Sebastián la hizo con sus propias manos, un año antes de irse al
cielo con su abuela Catalina a la que ella nunca llegó a conocer.
Aún la conservaba intacta y después de tantos años, a veces, se
quedaba mirándola ilusionada, imaginando colocarla en su lugar
definitivo, cuando por fin encontrase esa casa especial que anhelaba
fuese su hogar.
Debido a esa pasión por las flores de su
amada, Carlos se embarcó en la aventura de comprar unas semillas
de una planta, que prometían
mágica, a través de internet. Era algo que rozaba lo sobrenatural y
que nadie más lograría tener en Europa. Pero aquel que pensaba
podía haber sido un fabuloso regalo, le decepcionó. En la maceta en
la que sembró las semillas, solamente había nacido una minúscula
mata sin mostrar signo alguno de flor.
Mientras se iba sumergiendo cada vez más en un
profundo sueño, la televisión seguía su recorrido por la
actualidad y en la mente del soñador las noticias se entremezclaban
con sus deseos. En algún lugar de Asia, narraba el locutor,
ese mismo año volvería a
florecer la flor de Jesús, llamada así porque, según las más
recientes investigaciones, la última vez que floreció fue cuando
nació el Salvador. En su sueño, Carlos fantaseó con que aquella
planta era la que en su tiesto no acababa de brotar y de pronto la
vio transformarse en una enorme flor que se abría en todo su
esplendor. Era muy hermosa, como una gran amapola roja y desprendía
un perfume tan especial que estaba
convencido de que su amada al
verla caería rendida a sus pies.
No sintió nada, no había dolor, sólo aquella
extraña y a la vez reconfortante sensación de no querer despertar,
de dejarse llevar atrapado por el sueño y abandonar su cuerpo,
hasta elevar su alma mucho más allá de esta simple vida terrenal.
Y nada le hizo despertar, ni el estruendo de
sirenas, ni el ajetreo de la gente en la entrada del hospital, ni
siquiera el médico cuando le decía a Natividad: -Debido a una mala
combustión en la estufa de gas, su novio tiene una severa
intoxicación por dióxido de carbono, aún no sabemos cómo
le habrá podido afectar a nivel
cerebral.
Pasaron más de treinta horas hasta que
Carlos volvió a abrir los ojos, aún estaba en el hospital y ya era
navidad. Junto a la cabecera de su cama su adorada Natividad, le
besó en la frente deseándole una feliz navidad. Él casi sin poder
hablar la felicitó y se disculpó porque el día de su aniversario y
de su santo se viesen envueltos
en esa situación. A ella, sin embargo, lo único que le
importaba era que él hubiese salvado su vida. Jamás había estado
tan cerca de perderle y hasta aquel momento no se había dado cuenta
de cuanto le amaba. Aunque siempre
había dudado de que Carlos fuese el príncipe azul de
sus sueños, ahora todo eso le daba igual. Se sentía feliz sólo
porque él vivía,
porque estaba allí junto a ella y en sus ojos brillaba esa mirada
enamorada que nunca antes le pareció tan profunda.
Con dificultad, Carlos se incorporó en la cama y como una luz
cegadora le vino a la mente todo su sueño y
tuvo una corazonada. Fue entonces cuando le rogó a su novia
que le hiciese el favor de ir a su casa para recoger el regalo que
tenía allí para ella. Aunque
hasta el momento no había conseguido el resultado deseado, Carlos
había mimado a aquella planta casi como si se tratase de su propia
amada. Era tanto el cariño que había depositado en ella, tantos los
cuidados, que de repente presintió que cuando estuviese por fin en
sus manos ocurriría el milagro.
Su novia le dijo que en ese
momento los regalos no tenían importancia, el hecho de que Carlos
hubiese sobrevivido a aquel incidente era para
ella el mejor de los regalos. Sin embargo, fue tan grande la
insistencia de su novio que no pudo evitar complacerle. Tras
coger su abrigo y comprobar que tenía una copia de las
llaves, se dirigió
hacia aquel desolado barrio. Después
de varios días de lluvia, un luminoso sol se abría paso en
la mañana descorriendo la cortina de nubes.
Natividad siempre había estado esperando una señal para decidirse
de una vez a compartir su vida con Carlos. Aunque en el fondo él
creía que era su situación económica lo que la frenaba, ella
siempre le había dicho que era algo más profundo. Para tomar tal
decisión necesitaba convencerse de
que él era su auténtica
alma gemela, el verdadero
amor de su vida.
Cuando llegó al apartamento y vio
aquella flor, la más bella que jamás hubiese podido
imaginar, ya no tuvo dudas.
Su deliciosa fragancia había
colmado la estancia y le invadió
una sensación tan grata, que en aquel instante supo que había
encontrado su hogar. El anhídrido carbónico que estuvo a punto de
acabar con la vida de Carlos, había hecho florecer lo que con tanto
amor él no pudo lograr.
Entonces corroboró lo que ya sabía desde el hospital, era él,
Carlos, el amado de su alma y era esa, la
flor de Jesús, la flor de navidad, la definitiva señal.
Aquel mismo día, tras salir del hospital, anunciaron su boda,
cumpliéndose así su sueño
y protagonizando los dos su propio cuento de navidad.
Fdo: ALMASISI
JJ Guerra (ALMAVI)
Carmen Marín (SISIVE)
Carmen Marín (SISIVE)
sábado, 29 de diciembre de 2012
DEMENCIA. (Microrelato) JJ guerra
DEMENCIA. (Microrelato)
-Por cierto, ¿hoy es domingo?
Nunca me acuerdo de qué día es, esta vida tan monótona me está matando. Esto…
Te iba a decir algo, pero ahora no me acuerdo.
Por cierto, ¿hoy es domingo?
¿Has visto que guapa es esa muchacha nueva? ¿De qué te estaba hablando? ¿Mueves tú o yo?
Por cierto, ¿hoy es domingo? Los domingos viene mi hijo a verme.
JJ Guerra.
-Por cierto, ¿hoy es domingo?
Nunca me acuerdo de qué día es, esta vida tan monótona me está matando. Esto…
Te iba a decir algo, pero ahora no me acuerdo.
Por cierto, ¿hoy es domingo?
¿Has visto que guapa es esa muchacha nueva? ¿De qué te estaba hablando? ¿Mueves tú o yo?
Por cierto, ¿hoy es domingo? Los domingos viene mi hijo a verme.
JJ Guerra.
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