Esta
mañana encontré en la estantería un libro de cuentos de Hans Christian
Andersen, recuerdo que cuando mis hijos eran algo más pequeños se los
solía leer a menudo y hoy me dió por releer algunos de ellos.El cuento de "La princesa y el guisante" me ha dado que pensar.
Comienza diciendo que había una vez un príncipe que quería casarse con
una princesa, aunque eso sí, debía ser una princesa de verdadera sangre
real. De modo que viajó por todo el mundo buscándola, pero hallarla era
mucho más complicado de lo que el príncipe había supuesto y tuvo que
regresar a su país bastante decepcionado sin haberla encontrado.
Juan Carlos I de España, cuando todavía era un príncipe también viajó para
encontrar a su princesa, aunque tampoco le hizo falta ir muy lejos, con
un crucerito por el mediterráneo le bastó para llegar a Grecia y
encontrar a su futura reina. Lo que ahora no me queda tan claro es que
verdaderamente fuese de sangre real.
Volviendo al cuento de Andersen, un día, cuando el príncipe menos lo
esperaba apareció en su palacio una doncella muy hermosa que decía ser
una verdadera princesa. El rey y la reina quisieron asegurarse de su
realeza y para ello le hicieron pasar una prueba que consistía en colocar
un guisante bajo al menos veinte colchones y veinte edredones. La
supuesta princesa debía dormir en esa cama y si a pesar de tantos
colchones y edredones notaba la molestia del guisante, entonces no
habría lugar a dudas, su sangre era real pues sólo una princesa de verdad
podía ser tan sensible. Y así fue, la muchacha estuvo molesta toda la
noche sin poder pegar ojo, gracias a ello el cuento tiene un final feliz y
acaba casándose con el príncipe.
Yo me pregunto si la princesa Sofía, en su día, pasaría la prueba del
guisante.
Por una parte, a juzgar por la sangre que corre por las venas de su
descendencia, a mi me parece que
no, sobre todo teniendo en cuenta la falta de sensibilidad de una de las
infantas. Sí, es esa, en la que todos pensamos, la que junto con su
esposo, no ha tenido el más mínimo reparo en usar una fundación
solidaria para enriquecerse aún más, a base de engaños y trapicheos
ilegales. Por otra parte hay que tener mucha sangre fría, que no real, para pertenecer al famoso Club Bilderberg
y hay rumores de que a su distinguida majestad. la reina, le gusta este tipo de
relaciones de gente selecta, es decir, perfectamente seleccionada por
poseer la "virtud" de enriquecerse a costa empobrecer más al pueblo.Todo un ejemplo de madre para sus princesas.
De todos modos, independientemente al citado comportamiento de estas personalidades, el simple hecho de seguir con un
régimen monárquico en pleno siglo XXI, es completamente absurdo y me
cuesta entender a la gente que la defiende. El cuento de pertenecer a
una dinastía, sólo es eso un cuento y mucho cuento hay que tener, además de un gran descaro, para seguir manteniendo unos privilegios obtenidos por la simple
herencia genética. Aceptar la existencia de reyes y reinas es lo mismo
que admitir la desigualdad entre los seres humanos, algo muy parecido
como cuando se cometía la atrocidad de cautivar a personas por ser de
otro color y someterlas a la esclavitud.